RIOS DE GENTE (série) poemas de francisco cenamor / España

 

5,02 p. m.

 

Llega hasta la pequeña plaza

el sonido de una guitarra.

 

Pasa, alegre, un limpiador de cristales

montado en bicicleta, silbando.

Alguien fuma nervioso alejándose.

Una mujer observa desde la mesa de una cafetería.

 

Ve pasar una pareja de ancianos.

Pequeños, elegantes. Salen de la plaza.

A la vuelta de la esquina, ella se agacha

para echar unas monedas al músico.

 

 

5,04  p. m.

 

Una mujer mira desde la mesa de una cafetería.

En frente, muy cerca, no lo ve,

un bloque de apartamentos limita la plaza.

 

En su rostro sereno se marca alguna arruga.

Da caladas lentas a un cigarro. El humo empaña su rostro.

Dos hombres con traje la observan mientras hablan.

 

La mano de un limpiador de cristales pasa ante ella

y se despierta. Mira al joven ruborizada.

Recoge con prisa sus cosas y sale sin volverse a mirar.

Una lágrima recorre su rostro.

 

 

5,06 p. m.

 

Cinco cipreses en la pequeña plaza.

Se ha despertado la tarde de su letargo.

Han salido del colegio los niños.

Abren los cierres de los comercios.

Adolescentes pudorosas cubren

su pecho con las carpetas.

Un discapacitado pide unas monedas

a alguien que escribe sentado en un banco.

Un grupo de gorriones pelea por unas migas de pan.

Dos hombres con traje salen de una cafetería.

Cinco inmóviles cipreses en la pequeña plaza.

 

3 Respostas

  1. Esto escrito recuerdame Cinco cipreses, a veces dos…..

  2. Gracias, el observador que se sienta a mirar en la plaza disfruta también de esa poesía.
    Saludos.

  3. Um homem, sentado em um banco da pracinha, observa e escreve. Em pouco mais de seis minutos, passos de diferentes pessoas – rios de gente – compõem novas expectativas, escondem prováveis angústias. Cinco ou seis minutos que se sucedem todos os dias, em todas as partes.

    Mas há, no meio da praça, um par de olhos a funcionar como prismas decompositores dessa realidade, a criar a magia por poucos percebida.

    O observador comum olha aquela paisagem com certo fastio. O que pode haver de novo e criador na rotina da praça? Mas há quem sabe ver, sabe sentir e sabe despertar sensações nas palavras: isto é poesia.

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